Cocinillas, la gastronomía de El Español

A tomate, está claro. Aunque lo más normal es escuchar que los tomates cada vez saben menos a tomates, y el pimiento menos a pimiento, y la berenjena menos a berenjena.

No hay más que hacer una visita a nuestro pueblo y escuchar a los ancianos del lugar hablar de los sabores de antaño y los de hoy en día, no hay color. Pero, ¿es verdad es pérdida de sabor en los alimentos? ¿Es imposible comer un tomate que sepa a tomate?

Cuando hablo con gente sobre el sabor de las frutas y verduras encuentro que la percepción está generalizada: Las comida ya no sabe como antes. Sin embargo encuentro que no todo es culpa de los alimentos, es culpa del consumidor. Tenemos que pensar en el consumo de alimentos como una cadena completa, de la que también nosotros formamos parte. No solo los cultivos intensivos o el transporte y conservación de la verdura es importante, también lo somos nosotros, que tenemos que elegir bien. Y para elegir bien hay que saber.

¿A qué saben los tomates? ¿De qué depende?

Volviendo a los tomates siempre encuentro tres problemas que se repiten cuando la gente se queja de que el tomate no sabe a tomate: Compra del producto fuera de temporada, conservación en el frigorífico de casa y mala elección del lugar de compra.

Comprar tomates (o cualquier otra fruta o verdura) fuera de temporada es el mayor error que podemos cometer si queremos un sabor auténtico y potente. Ponte las pilas e investiga un poco las temporadas de cada fruta y verdura, y si quieres que sepan a lo que tienen que saber no las compres fuera de estas porque vendrán de invernaderos, un invento estupendo para poder tener tomates todo el año y hacer gazpacho en Navidad (alguno habrá), pero que hace que el producto pierda muchas de sus características, entre ellas el sabor. Además, cuando hablamos del tomate, hay muchísimas especies y tipos diferentes, cada una con su temporada porque por lo general vienen de diferentes regiones, así que atento a este dato. De nada sirve comer un tomate Raf si viene de un invernadero y está recolectado fuera de temporada.

Otro de los errores es la conservación del tomate en el frigorífico. Vivimos con prisas, y nadie quiere perder su valioso tiempo en una pequeña compra diaria, así que elegimos visitar el supermercado una vez por semana y abastecernos de tomates como si el fin del mundo pudiese llegar en cualquier momento. Y claro, si no los metemos al frigorífico no habrá forma de hacer que lleguen a final de semana. Pero esto es un error del que ya os hablamos en el artículo de alimentos que no debemos conservar en el frigorífico, y es un truco estupendo para hacer que el tomate frene su proceso de maduración natural y pierda su valioso sabor. Un tomate que guardamos en el frigorífico no sabe a tomate, porque nos lo hemos cargado nosotros.

Y por último, un error fruto también de la vida acelerada que vivimos es la mala elección de puntos de compra. Cada vez que alguien se queja de que un tomate del Mercadona no sabe a tomate hay una mata nueva que nace sin sabor. Lo decía al principio, como consumidores formamos parte de la cadena que sigue el alimento de principio a fin, y somos igual de importantes que la tierra donde se cultiva. Hay un eslabón clave en esta cadena, y es el vendedor, ya que él es el que elige el tomate que vende, y para esto es importante que conozca de dónde viene, el cuidado del productor, las condiciones en las que se transporta, etc. Tenemos que aprender a elegir dónde comprar nuestros alimentos, no todo vale, y el precio no debería ser una excusa tan fácil para defenderlo.

¿A qué saben los tomates? Nuestra responsabilidad

Repito ahora la pregunta, ¿a qué saben los tomates? A tomate. Pero tenemos que reconocer la necesidad de mejorar nuestra educación alimentaria y preocuparnos por los eslabones de la cadena que sigue el producto desde su cultivo hasta nuestra despensa. ¿Es temporada de tomates? ¿Se han recolectado en su punto óptimo de madurez? ¿Se han transportado en buenas condiciones hasta el punto de venta?

Comprar tomates puede parecer mucho más difícil de lo que creíais, pero es ahora más fácil que nunca. Basta con hacer una búsqueda en Internet y preguntar en alguna pequeña tienda de barrio que se preocupe por el producto que vende y empezar a informarnos e investigar. Sin ir más lejos leí hace poco en la revista Tapas sobre la Dehesa el Milagro, un lugar a las afueras de Madrid que ha empezado a producir fruta, verdura y carne de manera ecológica, preocupados por la sostenibilidad y la calidad del producto. Pero no es el único ejemplo, yo llevo mucho tiempo pidiendo fruta y verdura en La Era Ecológica, donde envían el producto directamente desde el productor. Todo ecológico y además con muy buenos precios. Y hay muchas más opciones, no hay más que buscar en Google.

Los tomates pueden saber mucho más a tomate de lo que crees, ¿cuáles son tus trucos? ¿Qué nos recomiendas para comprar las mejores frutas y verduras? Como consumidores tenemos mucha responsabilidad a la hora de comer bien.

1 de 1