Cocinillas, la gastronomía de El Español

Me encantan los tomates y pocas cosas hay que disfrute más, en lo que a comer se refiere, que un trozo de pan con un buen tomate que sepa a tomate, un trozo de buen pan, una pizca de sal y unas gotas de aceite de oliva virgen extra.

Pero me pasa, y sé que a vosotros también, que cuando compro tomates del súper o, mismo del mercado, acabo hincándole el diente a una bola roja cubierta por una piel bastante dura y que para poder decir que es un tomate es necesario echar a volar muy lejos la imaginación. Y es que hoy en día la mayoría de los tomates no saben a nada.

¿Por qué no saben a nada los tomates del súper?

La historia viene de muy atrás, cuando no era posible saber si un tomate estaba maduro a juzgar por el color, excepto en una variedad en la que, gracias a una mutación genética, los tomates tomaban un color rojo cuando alcanzaban el punto óptimo de maduración.

Y dado que un tomate uniformemente rojo resultaba mucho más vistoso, los agricultores empezaron a realizar cruces con esta variedad intentando conseguir tomates completamente rojos. Pero, que todo tiene un pero, este gen que hace que el tomate madure uniformemente tiene como contrapartida que desactiva la capacidad del tomate para producir azúcares, dando lugar a tomates perfectamente rojos y sin apenas sabor.

Estos tomates, a pesar de ser muy insípidos, llenan mercados y supermercados por lo bien que soportan los procesos de transporte y almacenamiento, ya que pueden pasar varios días desde la recolección y que aún así sigan presentando aspecto fresco, a diferencia de otras variedades de tomates mucho más sabrosas, pero cuya vida útil es muchísimo más corta.

¿Se acerca el fin de los tomates del súper sin sabor?

Pues según un reciente estudio de la Universidad de Nottingham en el que han logrado descubrir el papel que juega una enzima llamada pectato liasa en la maduración del tomate se podría conseguir que esos tomates realmente ricos soportasen mejor los procesos de transporte y almacenamiento, con lo que podrían venderse en mercados y supermercados del mismo modo que se venden las variedades actuales.

Esto es, no se trata de conseguir que esas bolas rojas que hoy en día conocemos como tomates tengan más sabor, sino que los tomates que ya lo tienen sean más resistentes y su comercialización sea más sencilla y, sinceramente, yo espero que no tarden mucho.

Fuente | El Español

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