Cocinillas, la gastronomía de El Español


Preparación: < 35 min  Dificultad: muy fácil  Raciones: 4-5  Coste: muy barato


Las sopas de caballo cansado, sopas de vino o, como se las conoce de manera más popular, sopas de burro cansado no son solo el título de una canción de La Marabunta que se hizo famosa allá por los 90. Estas sopas de burro cansado eran seguramente la merienda favorita de muchos abuelos o bisabuelos, cuando no existían los donettes, ni las panteras rosas ni los phoskitos, en los tiempos en los que lo que se comía era lo que había y no se desperdiciaba ni una miga.

A día de hoy, a muchos les puede parecer que preparar recetas de este tipo está desfasado porque, como algunos podrán decir ya no hay necesidad. Yo, honestamente, pienso que es una pena que se pierdan, porque se trata de cosas que están ricas y que, en la mayoría de las ocasiones, se trata de platos mucho más saludables -incluso aunque hablemos de dulces- que muchas de las cosas que se comen ahora.

Como todas las recetas de este tipo, en cada casa se preparaba de una manera, desde la versión más simple que os propongo hoy, hasta otras más elaboradas que más se parecen a unas torrijas, pues puede empaparse el pan en el vino con azúcar para posteriormente freírse, pero eso ya implicaba gastar aceite, por lo que es posible que esta versión fuese menos popular.

En cualquier caso, esta reconstituyente receta que no sé si se conoce fuera de Galicia -y aún así dentro, también me consta que los jóvenes ni han oído hablar de ella- sigue estando presente en el acervo gastronómico gallego y, cada año, en la primera semana de agosto se sigue celebrando en la localidad de Mugueimes (municipio de Muiños, provincia de Ourense) las fiestas de las Sopas de burro cansado.


Ingredientes para hacer sopas de burro cansado


  • Vino tinto, 500 ml
  • Azúcar, 3 o 4 cucharadas
  • Pan duro, 100 -150 g

Preparación de las sopas de burro cansado


1: Preparar el almíbar de vino tinto

En un cazo ponemos a calentar el vino con el azúcar. Para mí que no soy especialmente golosa con 3 cucharadas es más que suficiente. Los más golosos pueden añadir un poco más o espolvorear las sopas con un poco de azúcar extra. En cuanto al vino, cuanto más tinto y oscuro mejor. Yo he usado un Mencía, pero lo ideal sería también un buen tinto de Barrantes, de ese que tiñe la lengua y el vaso.

Para preparar el almíbar, en el cazo calentamos el vino con el azúcar a fuego medio hasta que de un hervor de un par de minutos y evapore al menos una buena parte del alcohol, a continuación bajamos el fuego al mínimo y lo dejamos reducir durante unos 30 minutos.

2: Preparar las sopas de burro cansado

Troceamos el pan duro, lo ponemos en un cuenco y lo bañamos con el almíbar caliente. Lo normal es comerlo inmediatamente, pero frías también están riquísimas.


Resultado


No puedo describir a qué saben, pero lo que sí os puedo asegurar es que están deliciosas. A mí personalmente no me gustan muy empapadas, para poder masticarlas sin que se conviertan en una papilla. Me sucede lo mismo con las torrijas, que me gustan en un punto que muchos consideran secas. Eso es fácilmente adaptable a los gustos personales de cada uno, jugando con la relación de pan y almíbar.

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