Cocinillas, la gastronomía de El Español

Bien sea porque este año has empezado con tiempo la operación bikini,  o porque tienes que seguir una dieta especial o simplemente porque te gusta cuidarte es muy posible que algún fin de semana hayas decidido quedarte en casa en vez de apuntarte a una salida con amigos por miedo a tirar por la borda los esfuerzos de toda la semana.

Es cierto que salir a comer fuera se asocia a excesos tanto en el comer como en el beber, pero con un poco de sentido común y teniendo en cuenta las precauciones oportunas, no hay por qué renunciar a la vida social por el hecho de estar a dieta.

Comer fuera de casa sin que sea un desastre para la dieta

Tanto si se trata de salir a tomar unas tapas, como si es una fiesta con comida tipo buffet o una comida o cena en un restaurante, solo es cuestión de tener las cosas claras y no cometer algunos errores, de este modo podremos socializar durante toda la velada sin remordimientos de conciencia.

Qué comer según el tipo de restaurante

Aunque no tengamos la suerte de ser nosotros los que elijamos el restaurante, y también es muy probable que el lugar elegido no sea una marisquería en la que poder cenar a base de deliciosos alimentos proteicos cocinados al vapor, cocidos o a la plancha y ponernos las botas sin remordimientos, se puede sobrevivir a la cena sin tener que sufrir en nuestra próxima cita con la báscula.

Salir de tapas estando a dieta

Si el plan es salir a tomar unas tapas, es uno de los más agradecidos. En general, bastará con irnos a aquellas que sean mayoritariamente proteicas y evitar las cargadas de grasas e hidratos de carbono. Chipirones a la plancha, bien, ensaladilla cargada de mayonesa, mal.

Cenar en un restaurante italiano estando a dieta

No sé qué es más faena si tener que cenar en un italiano estando a dieta o tener amigos que, sabiendo que estás a dieta, organicen una cena en un italiano y te inviten. Pero aún así, si se da el caso, no está todo perdido. En este caso, lo mejor que podrás hacer es:

  • Evitar la pizza como plato único, es mejor pedir alguna para compartir como entrante y, de ser posible, que no sea ni la 4 quesos ni ninguna otra con extra de queso. Si es de verduras y con masa integral, mejor que mejor.
  • Entre los entrantes para compartir, pedir alguna ensalada que no lleve queso ni picatostes. La idea es poder catar la pizza y no quedarse con hambre gracias a la ensalada.
  • Pasar de los palitos de pan y de los trozos de focaccia que insistirán en reponer en la mesa una y otra vez. Son un peligro, porque suelen poner unos cuantos y parecen inofensivos, pero es que en realidad puedes acabar comiendo demasiados sin darte cuenta, porque siempre los están reponiendo. Además, aunque no los hayas pedido, si te los comes, te los cobran y te puedes llevar una sorpresa a la hora de ir a pagar.
  • Evitar el risotto y todos los platos de pasta que vayan cargados de salsas blancas -quesos, nata, bechamel…-.
  • Elegir platos de pasta con tomate, verduras y/o proteínas magras.
  • A la hora del postre, lo mejor es pedir fruta del tiempo o pasar directamente al café. Aunque si te va la vida en probar el tiramisú o la pannacotta, mejor que sea para compartir.

Comer en un restaurante asiático sin saltarse la dieta

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Salvo que sea en el chino cutre del barrio en el que toda la comida es aceitosa, en general, los asiáticos suelen ser mucho mejores que los italianos para cenar sin sufrir. Sobre todo si son de estos que disponen de Teppanyaki, un servicio de plancha en el que tú eliges los ingredientes crudos y te los preparan en el momento.

Pero aunque no sea de esos, tanto en tailandeses, como japoneses o chinos es bastante fácil disfrutar de una buena cena sin que suponga una hecatombe dietética.

  • Evita rollitos de primavera y toda clase de aperitivos fritos.
  • Disfruta de las ensaladas y aprovecha para descubrir algunas que seguramente aún conozcas. Aparte de sushi y ramen, en los japoneses suele haber ensaladas deliciosas a base de algas.
  • Evita las salsas agridulces, que esas suelen ir cargadas de azúcar. Mejor platos en los que predomine la salsa de soja o el miso.
  • Alterna sushi con sashimi para sumar proteínas y restar arroz.
  • Si te gusta el picante, adelante con los platos de curry, no son especialmente calóricos, suelen llevar gran cantidad de vegetales y proteínas y, gracias al picante, sacian muchísimo.
  • A no ser que sea un día de mucho calor, las sopas de miso también son geniales para cenar.

Comer en un asador estando a dieta

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Los asadores son el sitio perfecto, sobre todo si en la carta hay carnes y pescados, pues unos chipirones o cualquier pescado a la brasa con guarnición de verduras o ensalada es la cena perfecta si estás a dieta.

Si eliges una carne, preferiblemente que sea pollo o ternera y acuérdate de retirar las partes grasas visibles. Incluso, si ofrecen patatas asadas, puedes darte el capricho de una que no sea demasiado grande. Vamos, que prácticamente el secreto está en huir de las patatas fritas en la guarnición y evitar la tentación de mirar la carta de postres, porque eso sí, en un buen asador, la carta de postres suele venir cargada de deliciosos postres caseros a los que cuesta resistirse si se es demasiado goloso.

Las reglas generales

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Por norma general, a la hora de comer fuera de casa, independientemente del restaurante en el que lo hagas, el sentido común siempre es buen consejero:

  • No te saltes las comidas anteriores para compensar lo que puedas comer de más, pues con eso lo único que se consigue es llegar a la mesa con un hambre canina que te nublará el juicio y te hará más difícil hacer las elecciones adecuadas.
  • Si sabes que en la mesa va a haber algo a lo que no te puedes resistir es mejor que lo pruebes al principio “para matar el antojo”, de lo contrario es posible que acabes cayendo en la tentación de atacar esa bandeja incluso cuando ya hayas comido lo suficiente de otras cosas.
  • Recuerda que solo es una comida o una cena más y que, salvo una desgracia imprevista, no será la última de tu vida. La comida no va a desaparecer del mundo de un día para otro, así que no hay razón para comer como si no hubiera un mañana.
  • Entre plato y plato, socializa, charla con los demás, intenta no ser del grupo de los que, cuando no tienen nada en el plato, se entretienen comiendo pan.
  • Recuerda que la mayoría de los platos con salsa de las cartas de los restaurantes, no son platos cocinados en la salsa, sino que esta se sirve por encima en el momento de emplatar. Por poner un ejemplo, el clásico entrecot a la pimienta, suele ser un fabuloso entrecot a la plancha, literalmente bañado en un mar de salsa a base de nata y pimienta. En casos así, mejor pedir la salsa aparte para poder dosificarla. Créeme que en muchos casos disfrutarás más del plato, sobre todo cuando la carne es buena y la salsa no es muy allá.

Beber estando a dieta

Un punto muy importante en el tema que nos ocupa son las bebidas, pues las calorías que se beben engordan tanto como las que se comen, con la diferencia de que ni siquiera alimentan o quitan el hambre.

Si eres abstemio y solo bebes agua, enhorabuena, las calorías líquidas no te sabotearán la dieta, pero si buscas otros maridajes, has de hacerlo con precaución si no quieres acabar bebiendo más calorías de las que te comes.

El agua con gas, aunque tenga fama de bebida viejuna, con hielo y una rodaja de limón, puede ser una buena alternativa a los refrescos azucarados o artificialmente edulcorados, aunque por supuesto estos últimos también son válidos si solo nos conformamos con no sumar calorías.

Otra opción son las infusiones con hielo, que hoy en día las hay de mil sabores.

Y si eres de los que no conciben salir a cenar sin tomar algo de alcohol, intenta evitar sangrías y cócteles con concentrados de frutas o azúcar, a los que aparte de las calorías del alcohol, hay que sumar las procedentes de los azúcares de las frutas, como daiquiris, mojitos, etc. Y, respecto a lo demás, pues intenta mantener encendida la calculadora mental para ir sumando unas 100 kcal por cada cerveza rubia -300 ml- y por cada copa de vino -150 ml-. Si lo piensas bien es la excusa perfecta para ofrecerse a llevar el coche o a conducir el de algún amigo en el camino de regreso a casa.

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