Cocinillas, la gastronomía de El Español

El consumo de bebidas azucaradas se ha disparado durante las últimas décadas. Su elevada disponibilidad y bajo precio, además de las campañas publicitarias vanagloriando su potencial para otorgar un “chute de energía” las han catapultado hacia el éxito, sobre todo a las bebidas energéticas, uno de los tipos de bebidas que más azúcar añadido contienen. Sin olvidar, claro está, a los zumos artificiales que incluso se recomiendan a los más pequeños, aunque la mayoría de ellos sean bombas de azúcar y calorías.

Por otra parte, poco a poco también se ha ido expandiendo el concepto de que las dietas ricas en proteínas pueden ayudar a perder peso o, al menos, a mantenerlo y manejarlo mejor. Pero, ¿qué sucede si mezclamos ambas cosas? ¿puede ser contraproducente mezclar una cena rica en proteínas con el consumo de bebidas azucaradas? Según un reciente estudio publicado en BMC Nutrition, sí, y mucho.

Proteínas y bebidas azucaradas, una mala combinación

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Según este trabajo, llevado a cabo por la Dra. Shanon Casperson y sus colegas, combinar alimentos ricos en proteínas y bebidas azucaradas disminuye la eficiencia metabólica. En otras palabras, esta combinación ralentizaría el metabolismo, aumentando la producción y el almacenaje de grasa corporal.

Actualmente los azúcares añadidos de los alimentos representan el 16% de toda la energía consumida en un día medio en la sociedad occidental, aproximadamente unos 91 gramos de azúcar cada día, la mayoría de ellos procedentes de bebidas azucaradas.

Por su parte, las dietas ricas en proteínas han demostrado colaborar en el buen manejo del peso corporal gracias a su potencial para aumentar la saciedad, aumentar el metabolismo y disminuir la ingesta de energía. Ahora bien, si dicha dieta se combina con bebidas azucaradas, se consigue precisamente lo contrario de lo que se busca: disminuir el metabolismo y ganar peso corporal.

Cómo se realizó el estudio

Para descubrir este efecto contraproducente de las bebidas ricas en azúcar, los investigadores midieron el consumo de oxígeno, la producción de riesgo de carbono y la excreción de nitrógeno en la orina (un componente clave de las proteínas). Al saber cuánto uso se da a las proteínas de la dieta, calcular los hidratos de carbono y el uso de grasa es fácil usando la respiración corporal. Para poder realizar este proceso usaron una “cámara metabólica“, una habitación herméticamente cerrada donde es posible medir el consumo calórico mediante el cálculo de los gases de la respiración.

proteínas y bebidas azucaradas

Rouzes (iStock)

En este caso, los 27 voluntarios sanos que participaron en la investigación comieron exactamente los mismos alimentos durante todo el día. En una de sus visitas, la dieta de estos voluntarios consistía en un 15% de proteínas, mientras que en otra de las visitas su dieta consistió en un 30% de proteínas. En todas las comidas asociaban, además, una bebida azucarada o endulzada con azúcar añadido. Tras cada comida se preguntó a los voluntarios por su saciedad.

Según sus resultados, el consumo de bebidas azucaradas en las comidas disminuye el uso de grasa y la termogénesis (producción de calor) inducida por la dieta. Además, al combinar una bebida azucarada con una comida rica en proteínas se producía una disminución del metabolismo más acusada que cuando se tomaba la bebida azucarada sola. De hecho, según los datos del estudio, el organismo de los individuos estudiados tan solo gastaba 80 de las 120 kcal proporcionadas por cada bebida rica en azúcar. Esto significaría que se produce un superávit de 40 kcal por parte de cada bebida azucarada, las cuales se almacenarán en forma de grasa, independientemente de la cantidad de proteínas consumidas junto a dichas bebidas.

azúcar

Según los investigadores estos resultados nos alertan, más si cabe, de los efectos perjudiciales que puede acarrear el consumo de bebidas ricas en azúcar. No solo pueden colaborar en la producción de grasa de forma independiente, sino que pueden disminuir la eficiencia metabólica al consumirse junto a una dieta proteica, la cual teóricamente debería producir un efecto contrario (un aumento del metabolismo).


Imagen de cabecera / grandriver (iStock)

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