Cocinillas, la gastronomía de El Español

Así, como si de ibuprofeno se tratase. La verdad es que siempre me ha resultado un tanto inquietante la interpretación que se da a muchos estudios científicos relacionados con la nutrición y con la alimentación en general. Es curioso ver como cada uno arrima el ascua a su sardina a la hora de interpretar los resultados y utilizarlos como argumento de venta y, por tanto, como herramienta para ganar dinero, prometiendo algo que solo es una verdad a medias o, directamente una mentira.

Cierto es que se realizan muchos estudios sobre determinados alimentos para entender cómo afecta su consumo de forma regular tanto en sujetos sanos como en enfermos. Y aquí la palabra sujetos es importante, porque no es lo mismo un estudio hecho con roedores que un estudio hecho con humanos.

Os voy a poner un ejemplo un tanto extremo para que lo entendáis. Seguramente, en un estudio hecho con roedores, se acabe llegando a unas conclusiones que sean algo como: “En un porcentaje X se ha observado que los ratones que llevaban una dieta rica en el ingrediente Y redujeron el número de células tumorales en un porcentaje Z, por lo que dicho ingrediente debería ser tenido en cuenta de cara a futuros estudios sobre el tratamiento del cáncer ya que su papel podría ser relevante”.

La mayoría de las veces, las campañas de marketing convierten esas conclusiones en algo que se parece más a “El ingrediente Y es anticancerígeno” y si la campaña tiene éxito empiezas a ver el dichoso ingrediente todos los días, a todas horas y en todas partes y, como si no fuese bastante, van a querer cobrarte más dinero.

Aceite de oliva virgen extra de venta en farmacias

aceite de oliva virgen extra

Imagen | aceitefergus.com

Y sí, el caso que nos ocupa hoy, es que he descubierto que una empresa española elabora un aceite de oliva virgen extra, de gran calidad, eso sí, pero que solo se vende en farmacias haciendo alusión a sus fantásticas propiedades para nuestra salud.

A ver, a estas alturas creo que todos sabemos de sobra que es mucho mejor para nuestra salud consumir aceite de oliva virgen extra de buena calidad en vez de otro tipo de grasas. Por supuesto, siempre y cuando este consumo se mantenga -o al menos no sobrepase en exceso- las cantidades diarias recomendadas.

En esas condiciones sabemos, que el aceite de oliva virgen extra contiene ácido oleico que ayuda a regular el colesterol, bajando los niveles de LDL (el malo) y subiendo los de HDL (el bueno); que posee vitamina E, de gran poder antioxidante; que contiene una sustancia denominada Oleocanthal que tiene propiedades antiinflamatorias; que es un buen lubricante; que usado de forma tópica hidrata la piel -aquí podría incluso poneros una lista de remedios de abuela con aceite de oliva virgen extra que funcionan mejor que cualquier producto cosmético-.

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Pero aún así, el aceite de oliva virgen extra no es ni un cosmético, ni una medicina, ni un alimento especial, por lo que personalmente, no le veo mucho sentido a venderlo -o a comprarlo- en una farmacia por un precio (40 €/litro) que, desde luego, no es nada competitivo, si se compara con lo que se tiene que comparar, que es con otros aceites de oliva vírgenes extra de características similares, que en este caso, se trata de un coupage elaborado con aceitunas de las variedades cornicabra, picual y arbequina de recolección temprana y molturado en frío. Quizá esto último es redundante, pues todos los aceites de oliva vírgenes extra se obtienen por molturación en frío.

Tres cucharadas de aceite de oliva virgen al día

Según se indica en las instrucciones de este aceite de oliva virgen “medicinal” deben consumirse 3 cucharadas al día, la primera de ellas en ayunas. Ahora bien, recuerda que tres cucharadas de aceite diarias es la recomendación de la OMS para la ingesta de grasas, así que si te tomas la cucharada “medicinal” en ayunas, recuerda que ya no deberías ponerle un chorrito a las tostadas del desayuno. Eso, o haces trampa y en vez de tomarte el aceite a palo seco, lo usas para aliñar la comida.

En definitiva, que me podéis llamar escéptica si queréis, pero la próxima vez que me duela la cabeza seguiré optando por el ibuprofeno y ni se me pasará por la cabeza servirme una dosis de aceite de oliva virgen extra a no ser que, de repente, se me antoje un pan con tomate o algo así-.

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